lunes, 25 de noviembre de 2013

‘Ave Evus’


Alejandro Brown I.*
 
En la antigua Roma, los emperadores saciaban el hambre del pueblo obsequiando lonjas de pan durante las carnicerías humanas en los coliseos. De esta forma, entre aplausos de una sociedad empobrecida, los césares se llenaban de gloria dando migajas a la gente, que no tenía más remedio que vociferar el ‘Ave César’ para recibir la limosna, que después era sonsacada con más impuestos.
Más allá de ser netamente prebendalista, el doble aguinaldo decretado por el gobierno de Evo Morales, no es otra cosa que una dádiva a un pueblo que sufre las consecuencias de una mala administración pública. Como en el antiguo imperio romano, el máximo líder cocalero se ha llenado de ponderaciones aprovechándose del hambre del pueblo y del regocijo del más necesitado, que recibe con beneplácito este dinero extra e impensado, en tiempos de escasez extrema.
Sin embargo, hasta el asalariado más necesitado se da cuenta que esta medida tiene muchas aristas que deben ser esclarecidas y que trataremos de dilucidar.
En primer lugar, la Constitución Política del Estado establece que a todo trabajador le corresponde por derecho su bono navideño (aguinaldo), además de las primas o utilidades que generan las empresas durante un año calendario de gestión (casi nunca se cumplen). Desde que el MAS asumió el poder en el 2005, gracias a las políticas económicas heredadas por los gobiernos ‘neoliberales’, que tuvieron el buen acierto de firmar un contrato de venta de gas indexado al precio internacional del barril de petróleo, las ganancias del Producto Interno Bruto (PIB) han alcanzado niveles históricos.
Como el dinero por el gas comenzaba a llegar por quintales a Bolivia y a sus empresas petroleras, el presidente Evo Morales decide nacionalizar todas las empresas para quedarse con las ganancias y despachar del país la inversión extranjera. A partir de esta figura los ingresos netos por exportación del hidrocarburo se convirtieron en el 89% del PIB, superando por primera vez en la historia a los minerales, que han quedado relegados.
Han pasado más de 8 años desde que el MAS asumió, y goza de más de 32 mil millones de dólares en la reserva internacional, y han pasado más de 7 años de la nacionalización con ganancias por arriba de los $us 19.000 millones, pero el pueblo en este tiempo jamás vio una prima o utilidad en sus bolsillos, de esta gran bonanza.
La estatización de los hidrocarburos, en mayo de 2006, es la obra estrella de Evo Morales, que luego dio paso a sucesivas nacionalizaciones de la minería, las telecomunicaciones, la electricidad, la aeronavegación, etc, que multiplicaron a la economía nacional a $us 32 mil millones.
Con todo ese dinero en las arcas del Banco Central, y del Gobierno del MAS, el presidente Evo Morales ha asumido la política de regalar migajas al pueblo, en vez de dedicarse a invertir, producir, industrializar el país, mejorar la salud, educación y seguro social de desempleo.
Claros ejemplos son el Bono Juancito Pinto, que proviene del Impuesto Directo a los Hidrocarburos y no llega ni al 1% del neto recaudado. Lo mismo sucede con el Bono Juana Azurduy para embarazadas, que solo alcanza al 0.8% de la utilidad; y el Bono Dignidad, beneficio es cubierto por el Fondo de la Renta Universal de Vejez (FRUV) cuyas fuentes de financiamiento son: el 30% del
Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), dividendos de las empresas capitalizadas y el rendimiento de las inversiones del patrimonio del FRUV, que en conjunto equivalen a 1.9% del PIB.
En suma, el costo del PIB para los ‘tres grandes bonos’, que son la bandera política del MAS, no llega ni al 4% de los ingresos.
Además, estos obsequios sólo estaban destinados a un determinado sector de la sociedad que es minoría, y el cúmulo de la ciudadanía estaba totalmente apartada de las utilidades de las empresas principalmente estatales o del pueblo.
Jamás, en sus 8 años de gestión, el MAS dio primas o bonos de producción a la masa obrera de las empresas bolivianas, y más bien cada año se ha convertido en una lucha por un mísero incremento salarial que no llega ni a la tercera parte de la inflación real en el país.
Hoy, el régimen de Evo Morales, a sabiendas que el 2014 el pueblo le pasará la factura en las elecciones generales, por su aplazamiento en la administración del aparato público, decide otorgar este bono, que por derecho le corresponde a la gente.
Hay que entender claramente el primer punto, el Gobierno no está regalando nada, es una obligación del Estado y las empresas privadas repartir las ganancias y/o utilidades que se generan en un año calendario a sus trabajadores.
Y partiendo de esta norma, es obvio que cuando una gestión no ha sido buena para la empresa, no habrá utilidades o primas para los obreros. Es comprensible. De esta explicación partimos a otro principio, antes de decretarse el doble aguinaldo, se debió calcular la utilidad de la empresa privada para que haga efectivo este bono.
Como el gobierno prácticamente baila en una piscina de petrodólares, no le va a ser mella el aguinaldo doble para los trabajadores públicos. Pero qué pasa con el empresariado privado?
Durante el 2013, y desde que llegó al poder el MAS, los privados están en una guerra sin cuartel para poder trabajar. Decreto tras decreto, el Gobierno de Evo Morales ha desincentivado la producción prohibiendo exportar.
No hay inyección gubernamental al aparato productivo privado, que está endeudado hasta el cuello, y ni qué hablar de los micro y pequeños empresarios.
Entonces, coincidimos que es obligación del Estado repartir estas utilidades y de las empresas privadas que gozan de ganancias, pero como al MAS poco o nada le interesa el bolsillo del pueblo, se basó sólo en la ganancia del PIB (por arriba del 4.5%) para el aguinaldo doble, y no tomó en cuenta las ganancias o pérdidas de las empresas privadas.
Aquí nace algo curioso, hace un par de meses, Evo Morales decretó que cualquier empresa que se declare en quiebra será traspasada a los trabajadores. Con este decreto de aguinaldo doble, miles de empresarios, chicos y grandes, han anunciado el cierre, quiebra o despidos de trabajadores porque no van a poder cubrir los pagos.
¿No será que la verdadera intención del MAS es atacar al empresariado privado?, esperemos que no, y que se tomen en cuenta estos parámetros a la hora de lanzar decretos sin pensar en las consecuencias.
Mientras tanto, el pueblo y los trabajadores asalariados, contentos por el dinero extra que verdaderamente les corresponde, debemos exclamar un ‘Ave Evus’ por este bono. Y como coinciden los expertos y economistas, recemos para que este aguinaldazo no se traduzca en más impuestos, cierre de empresas, despidos y una inflación por las nubes, porque el doble aguinaldo se va a acabar en un par de semanas, y los precios altos no volverán a bajar jamás.
 *Abogado


Perseguido -político.

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